Por la Carretera Oriental, después de recorrer 27 kilómetros, se llega a este asentamiento indígena que los abuelos solían llamar El Palmar. En esas épocas había una vasta extensión sembrada de palmeras, con una especie predominante, la de palmiche o palma real, hoy casi extinguida en la región. La palma de coco, en cambio, parece multiplicarse por estos días. La ciénaga, tranquila, rodeada de vegetación y rica en flores silvestres, es ideal para la pesca. Más abajo, la ribera del río Magdalena está sembrada de árboles frutales, y prima durante el verano el dulce olor de los guayabates amarillos.
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Palmar de Varela
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